Soy la hija e´ mi mama: una víctima de mí misma y de las palabras; obligada a escribir como método de supervivencia. Las palabras me carcomen las vísceras, son como un cáncer. Escribir es contrarrestar la hiel, es abrir un agujero en la boca del estómago para que las palabras afloren, para que dejen de quemarme por dentro.
domingo, 3 de febrero de 2013
Las tiendas ambulantes
Las tiendas ambulantes afinan sus voces con el mi - la - re - sol - si - mi del amanecer. Sus voces ambulantes cantan.
Las tiendas ambulantes sucumben ante el estallido del tránsito mañanero y , solo a lo lejos, se escucha decir: llévelo, llévelo...
Las tiendas ambulantes venden de a dos por mil.
Las tiendas ambulantes sienten hambre al cenit y solo a esa hora se despeja la avenida para que los transeúntes caminen con su instinto consumista en off mode.
Las tiendas ambulantes descansan a la sombra.
Las tiendas ambulantes luchan, tiran piedras y gritan improperios a la policía municipal.
Las tiendas ambulantes dicen que eso es mejor que robar.
Las tiendas ambulantes pegan cajitas de CDs con maskin tape sobre plástico negro.
Entre santeros y garantes de paz, las tiendas ambulantes disfrutan del zafarrancho y el jolgorio que supone ser una tienda ambulante.
Sin fuego
Chichicastenango: el pueblo donde es más fácil que te regalen una bolsa entera de mariguana que conseguir un encendedor para fumársela.
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