
Soy la hija e´ mi mama: una víctima de mí misma y de las palabras; obligada a escribir como método de supervivencia. Las palabras me carcomen las vísceras, son como un cáncer. Escribir es contrarrestar la hiel, es abrir un agujero en la boca del estómago para que las palabras afloren, para que dejen de quemarme por dentro.
domingo, 30 de mayo de 2010
martes, 25 de mayo de 2010
Sola
Cuando se va la luz
El silencio absorbe todo. Todo menos el trino de dos o tres pajarillos en árboles cercanos.
Cuando se va la luz la ciudad se sienta a descansar, pide un vaso con agua y mira la vida pasar, o detenerse, igual que ella.
Cuando se va la luz todo es virgen y uno anhela besos ausentes de esos que no se dan en los labios.
Cuando se va la luz todo se para excepto los autos. Así debe ser: algo debe mantener la conciencia de que aún existe. Porque cuando se va la luz nada existe; lo efímero de la vida cobra sentido en cada kilovatio de ausencia lumínica.
Cuando se va la luz me siento a la ventana a conversar conmigo, a esperar que ella regrese pero disfrutando su ausencia.
Cuando se va la luz todo es puro, cuando se va la luz trato de sentirlo todo y lo logro.
No existe un momento más auténtico que éste cuando, a falta de luz, yo soy el mundo.
miércoles, 28 de abril de 2010
Ojos Verdes (Autor A.L)
Hoy recibí este regalo que me hizo muy feliz. Gracias A.L
Podría hablar de sus ojos verdes,
pero no puedo si no pensar en su mirada;
mirada ajena al mundo,
mientras conquista, brava, al ensueño.
Podría hablar de su sonrisa,
entonces mi mente se desvía a pensar en su risa;
risa de niña que despierta
con taquicardia a mi niño interno.
Podría hablar de su silueta,
en cambio prefiero hablar de ella;
ella celeste que contrasta e
n el lienzo saturado de marrón.
Podría hablar de sus ojos verdes,
pero no puedo si no pensar en su mirada.
PD: también me acorde que odiás a los gatos porque sos gata...
viernes, 23 de abril de 2010
La memoria de los peces
Se cree que los peces poseen una memoria a largo plazo tan corta que les permite no aburrirse viviendo en peceras.
Los peces no pueden recordar cosas que pasaron hace mucho tiempo y, por ende, todo se les hace nuevo.
Me da la impresión de que la vida es un museo de recuerdos y creo que a veces, como diría Juan Luis Guerra, “quisiera ser un pez” y dejar de recordar.
Sin embargo, pienso que los recuerdos son males necesarios para la vida y que, a decir verdad, no todo son malos recuerdos. Por ende, no valdría la pena olvidarlo todo.
Como permitirse olvidar una puesta de sol desde un rascacielos en México?, o un amanecer en Buenos Aires?, o el día que nació mi hermana menor: la tarde mas hermosa de mi vida.
Recordar es amar en cierto modo, amar el tiempo pasado, el tiempo vivido.
¿Te ha pasado?
¿Te ha pasado que estás en el lugar indicado, con la persona indicada, en el momento preciso y con esa canción sonando de fondo?
¿Te ha pasado sentir miedo?
¿Te ha pasado que abiertos los labios, los brazos y el alma te encuentras preguntándote a ti mismo si debes o no ceder?
¿Te ha pasado no saber qué hacer?
¿Te ha pasado que aspiras su aroma y te haces el duro y buscas esconderte para no sucumbir?
¿Te ha pasado mentirte a ti ?
¿Te ha pasado que en cada sonrisa y en cada mirada encuentras palabras?
¿Te ha pasado que al irse todo se esfuma menos su presencia?
¿Te ha pasado que levantas muros y abres puertas (que es casi lo mismo que cerrarlas), le bajas a la música y pides disculpas?
¿Te ha pasado que escribes, que cantas?
¿Te ha pasado que estás en el lugar indicado, con la persona indicada, en el momento preciso y te levantas y te vas?
¿Te ha pasado?
A mi me pasó ayer, y hoy, y aquel día junto al árbol de aguacate, y cada vez que enciendo la radio, y cada vez que pasó junto a tus plantas de café.
jueves, 8 de abril de 2010
Me dueles
Me dueles en la cocina y a la hora de comer. En las carnes, en las pastas y arroz a fuego de mar.
Me dueles en los cuatro puntos cardinales de mi casa, de mi patria y de ese casón viejo lleno de fantasmas que te asustan.
Me dueles en los autobuses y en los taxis, y en todas esas calles con Sanchos y Quijotes.
Me dueles en las tiendas de camping y en sleepings y en sábanas de colores.
A veces, pero solo a veces, me dueles en las paredes y en los papeles escritos.
Me dueles cada mañana y, por supuesto, cada noche estrellada en donde bailan las estrellas: “Las ves Rose, como bailan”…
Me dueles en las lunas de mar, en las lunas de ciudad y en mis lunas. Los soles se fueron contigo.
Me dueles intensamente en los desayunos para dos, en el albahaca.
Me dueles en cada uno de los hombres que miro y en las canciones mexicanas y argentinas. Me dueles mucho en Fito.
Sin embargo, aunque me duelas, cada vez me dueles menos. Es quizá porque cada vez me dueles un poco más adentro, en ese lugar recóndito de la memoria y de las cosas que poco a poquito se van olvidando.
El día que ya no me duelas me voy a poner triste porque será como dejar de sentir. Es que de nuevo me hiciste sentir, aunque fuera dolor, pero sentir.


